
No siempre enero fue verano
Sus minificciones tienen frontera con la poesía. Algunos textos son autónomos al desarrollar una idea clara y concluyente; en otros deja que el lector participe de la creación al llenar los espacios vacíos con elementos que la autora sólo insinúa; otros textos, en cambio, son directos y sin cortapisas: “HEMODIÁLISIS / No te pido que terminemos, sólo necesito tiempo para desintoxicarme de ti”.
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Diana Raquel Hernández aprovecha la experiencia adquirida en su labor como divulgadora de la minificción y como autora en antologías para escribir No siempre enero fue verano.
Sus minificciones tienen frontera con la poesía. Algunos textos son autónomos al desarrollar una idea clara y concluyente; en otros deja que el lector participe de la creación al llenar los espacios vacíos con elementos que la autora sólo insinúa; otros textos, en cambio, son directos y sin cortapisas: “HEMODIÁLISIS / No te pido que terminemos, sólo necesito tiempo para desintoxicarme de ti”.
Hay cuatro apartados que hacen referencia a las estaciones del año. La primavera es la alegría del amor y el sufrimiento de la resaca del desamor. En verano se nos presenta la lluvia y la nostalgia como escenario de diversas historias. Otoño simboliza los rompimientos y los nuevos inicios. En invierno se habla de la transmutación, los sueños que concluyen y las despedidas.
Es así como Diana Raquel Hernández nos ofrece su primer libro de minificciones matizadas de melancolía: “INEVITABLE / Llegas a casa, abres la puerta y todo está en silencio. No hay niños corriendo por ahí y el televisor permanece apagado. Sabes que todo terminó”.
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